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SOBRE LOS ANDESLo que más me sorprendió al llegar a Argentina fue la vegetación. Uno se imagina, posiblemente porque lo ha visto mil y una veces en el cine, que las grandes ciudades sudamericanas son más o menos como las europeas, e incluso en ocasiones como nuestra pequeñita Cádiz, de la que copian buena parte de la arquitectura del periodo colonial. Sin embargo, cuando uno ve ese intenso verde que lo llena todo, que incluso visto desde el aire parece no tener fin, se da cuenta de que por mucho que se parezcan la arquitectura, los anuncios e incluso las ropas que llevamos, son totalmente distintas. Nuevamente, cuando uno sale de entre las nubes y empieza a divisar Santiago de Chile, lo que llama la atención no es la vegetación, sino las montañas. Los Andes se ven al principio como unas cuantas montañas poco impresionantes, pues vistas desde cierta altura apenas parecen más grandes que un castillo de arena. Y sin embargo, según se avanza, uno descubre que las montañas no son una o dos, ni siquiera diez o veinte, sino una cadena interminable, cada vez más grandes, cada vez más espectaculares. Los picos cubiertos de nieve, poco a poco, comienzan a aparecer. Entre montañas, en ocasiones, se forman lagos espectaculares de un color esmeralda intenso, mucho más grandes que cualquier pueblo o ciudad visto hasta ese momento. A lo lejos aparece Santiago de Chile, y de fondo una gran nube. Sólo que no es una nube, pues según se acerca el avión descubres que es una gigantesca montaña, que lo eclipsa todo. En el avión, alguna gente suelta una exclamación de sorpresa. Yo pienso en Las montañas de la locura de H.P. Lovecraft, en el momento en el que se describen montañas más enormes de lo que nunca antes ser humano alguno hubiese imaginado que existían. Me siento como los personajes de la novela, sorprendido ante un tamaño que nunca creí que pudiera existir.
Luego, en la ciudad, las montañas están siempre presentes. Sirven para orientarte (están al Este), para refrescar la mirada con la nieve pese a las altas temperaturas que se viven, pero sobre todo para que te sientas pequeño e insignificante por muy grande que sea la ciudad. Uno se imagina qué pensaban y sentían los griegos al situar a los dioses en el monte Olimpo. 2009-12-02 02:47 | 3 Comentarios Referencias (TrackBacks)URL de trackback de esta historia http://gadesnoctem.blogalia.com//trackbacks/65243
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