Desde el año 92 hasta prácticamente el 99, los aficionados a leer tebeos americanos las pasamos canutas. Las series buenas, con guiones sólidos y artistas entregados que dibujaban un número mes sí y mes también, comenzaron a cancelarse en España por falta de público. Las series mediocres, cuyo único mérito era ser parte de una franquicia como los X-Men o Spider-Man, arrasaban en las tiendas, y quien quería recibir su ración de viñetas mensuales no tenía más remedio que pasar por el aro (o gastarse una pasta comprando directamente a EE.UU.). No es de extrañar que la década de los 90 viese una expansión tremenda del manga japonés.
En EE.UU. la situación no era mucho mejor, no se crean ustedes. Obviamente se encontraban muchas más series buenas que en España, pero tampoco muchas más, y la oferta era tan increíblemente grande que los títulos pequeños (y muchas veces buenos) morían sepultados bajo las campañas publicitarias de los mutantes, los arácnidos o los chicos de Image.
¿A qué se debía esta fabricación tan grande basura en viñetas? Por un lado, la aparición de Image Comics con todos sus dibujantes estrella ayudó a implantar un estilo de dibujo exageradísimo, donde el guión era una suerte de quinta rueda de repuesta al servicio de los garabatos del artista hot del momento. Además, la multiplicación de editoriales ofreciendo el mismo tipo de material acabó sobresaturando un mercado del que los lectores comenzaron a huir en estampida. Tampoco ayudó que algunas editoriales, por ganar unos dólares más, matasen a las gallinas de los huevos de oro con interminables sagas que ni el lector ni los creadores sabían cómo iban a terminar (la Saga del clon es un claro ejemplo, aunque hubo decenas más).
Es curioso que luego, pasados los años, la gente diga que los videojuegos han matado al cómic. Que Internet ha matado al cómic. Incluso que los chavales ya no leen porque son unos catetos. Y evidentemente todo eso es cierto, pero hay algo más triste todavía: el hecho de que las propias editoriales ofrecieron las armas para matar al cómic.