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Gades Noctem |
Cómo los cómics, el rol y el cine destrozaron mi vida... para mejor. | ![]() |
EL INSEGURO LEO Y LA MALVADA FATI
Lo que yo sí conocía eran los celos de Leo. Inseguro como era (demasiado bajito, demasiado lampiño, demasiado sedentario), siempre pensaba que Fati andaría rodeada de hombres barbudos y bigotudos, de estaturas inconmensurables y amantes del deporte. Estaba obsesionado con que ella le iba a dejar, y vivía con aquella espada de Damocles sobre su cabeza, esperando el inevitable día en que cayera.
Como los abuelos de Fati eran de un pueblo de la sierra, Leo no la había visto durante los primeros días de Semana Santa, por lo que la inseguridad volvió a asaltarle: “¿Y si ha conocido a un cateto macizo y peludo en el pueblo? ¿Y si se ha topado con un velludo alpinista que la seduce?” El talento de Leo para forjar tórridos e improbables amores rupestres le hacía digno sucesor de Corín Tellado. Finalmente, la chica regresó y le dijo que quería verle. “Tenemos que hablar.” Y Leo se desmoronó, igualito que un Lego al que dieras una soberana patada. “Jose, ésta quiere dejarme, lo que yo te diga, que ha conocido a otro y se ha enamorado. Si yo ya lo sabía, yo soy tonto, yo he perdido el honor y la dignidad por una tía manipuladora…” Yo escuchaba al pobre sin saber qué decirle. No es que tuviera mucha experiencia con las mujeres en general, y tampoco conocía a su novia, por lo que lo única que podía hacer era asentir a todo lo que me dijera. No sé si animado por mis continuos asentimientos, o simplemente iluminado por la santa paloma, desarrolló un plan de actuación: “No le voy a dar ocasión a que me deje. Nada más verla, le diré que no la quiero, que me gusta otra y que la he engañado. Así aprenderá a jugar con los sentimientos de los demás, ¡maldita víbora!” Y tal como lo dijo lo hizo, la pobre quedó estupefacta, no se lo esperaba.
Unos días después, Leo me contó que había hablado con una amiga de Fati: “¿Te ha contado cómo está tu ex?” le pregunté. “Pues… sí, la verdad es que sí.” “Fastidiada, supongo.” intuí. “Bastante.” “Pues que no hubiese pensado en abandonarte.” dije, severo. “Bueno… lo cierto es que al hablar con la amiga me enteré que quería hablar conmigo para contarme su viaje, no para dejarme.” “Las has cagado.” “Totalmente.”
Por fortuna (para Leo), la autoestima no era algo muy frecuente a los 15 años, y dos semanas después volvían a estar juntos. 2008-03-17 a las 11:12 | Jose Joaquin | 1 Comentarios | # Referencias (TrackBacks)URL de trackback de esta historia http://gadesnoctem.blogalia.com//trackbacks/56302
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