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Gades Noctem |
Cómo los cómics, el rol y el cine destrozaron mi vida... para mejor. | ![]() |
LA SEMANA MÁS LARGA 5: DOMINGO EN BLANCO
Algunas veces quedábamos para dar una vuelta, pero siempre algo rápido. Y a las siete a casa, aburridos, mirando alguna teleserie ñoña al estilo de “Hermanos de Leche” como única distracción. ¿Quién podía disfrutar, sabiendo que al día siguiente la semana volvería a comenzar?
Aquel domingo en particular resultaba peor que los demás. Richi había ido a un almuerzo con sus abuelos, y había quedado en llamarme. Ahora compartíamos un secreto: la infidelidad del padre de nuestro amigo. Sin embargo, seguíamos sin saber qué hacer con aquel conocimiento. Compartirlo con nuestro amigo era hacerle daño; callarlo era convertirnos en cómplices de su padre. Varias veces intenté hacer aquella maldita redacción que la Pitu nos había pedido para literatura: “¿Quién soy?”. Menuda tontería, ¿cómo iba a saber yo quién diablos era? ¡Tenía 15 años! Todo era confuso, todo pasaba demasiado rápido, y no había nadie a quién pudieras preguntar. Bueno, es cierto que estaban tus amigos, pero solían estar tan confusos y perdidos como tú. Habría sido más fácil escribir sobre quien era fulano o mengano que sobre mí mismo.
A eso de las 8 de la tarde sonó el teléfono. El primer ring me despertó de aquel sopor que me había consumido a lo largo de toda la tarde y me hizo salir disparado, casi derribando a mi madre. Parecía que aquella llamada fuera a solucionar todos mis problemas, y en cierta forma así era. En cuanto Richi y yo encontráramos una solución, el caótico mundo que giraba a nuestro alrededor se paralizaría, y todo volvería a ser como antes. Sin embargo, no era la voz de Richi la que sonó al otro lado de la línea, sino la de Alvarito. “¿Puedes hablar, Jose?” Le iba a decir que no. Me imaginaba que querría contarme alguna tontería sobre Blanca, su exnovia, con la que había terminado una surrealista relación hacía apenas unos días. Sin embargo, su voz parecía más grave, más cansada. Se me ocurrió, por un momento, que tal vez él también supiera algo sobre Don Gustavo, el padre de nuestro amigo, y quisiera confesárnoslo. “Te escucho, dime.” “Mis padres van a sacarme del colegio y mandarme a un internado en la quinta puñeta…” Atónito, sentí como el caos aumentaba a mi alrededor, y el vértigo se apoderaba de mí. El mundo tranquilo y estable que conocía parecía empeñado en desmoronarse. 2008-03-09 a las 15:55 | Jose Joaquin | 5 Comentarios | # Referencias (TrackBacks)URL de trackback de esta historia http://gadesnoctem.blogalia.com//trackbacks/56142
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