Gades Noctem
Cómo los cómics, el rol y el cine destrozaron mi vida... para mejor.


PRÁCTICAS DE CIENCIA: MANDA HUEVOS

¿Un huevo? Sí, un huevo. El primer experimento que íbamos a hacer en clase del Bóxer tenía que ver con los huevos; los de gallina, naturalmente.

El experimento consistía en fabricar una serie de cachivaches raros, más artesanales que otra cosa, en los que introducir los huevos (los de gallina, insisto). Luego se procedería a lanzar los huevos y sus envoltorios desde diversas alturas, para comprobar como la masa aceleraba la caída, pero también para ver cómo la resistencia del aire podía ralentizar la caída, y por lo tanto el golpe. Yo seguía sin tener muy claro de qué nos podía servir eso en la vida real, pero bueno, supongo que si algún día tengo que saltar desde una gran altura, todo lo que sepa sobre cómo preservar los huevos será de utilidad.

 

Llegó la penúltima hora de la mañana, esa en la que teníamos al Bóxer justo después del recreo.

“Poned los huevos sobre la mesa” y rápidamente, viendo las malvadas sonrisas que poníamos, especificó “…los de gallina.”

Pero nadie sacó huevos: “Es que se nos han olvidado” nos excusamos.

El Bóxer no salía de su asombro. “¿A todos?”

Nosotros, con esa carita de ángeles que se nos ponía cuando mentíamos en manada, movimos la cabeza con sorpresa y admiración, “¡Vaya casualidad! ¡Pues sí, a todos!”

El Bóxer nos echó una pequeña reprimenda e insistió en que los trajésemos para el próximo día. Venía concienciado para dar una clase práctica, y ahora no tenía ni idea de qué hacer, así que se quedó meditando unos instantes, con la mirada perdida a través de la ventana que daba al patio. De repente, algo lo sobresaltó, se acercó a la ventana y se quedó mirando un rato, atónito. Luego nos miró con aire acusatorio:

“¿Alguien sabe por qué vuestro compañero Villavieja va cubierto hasta arriba de clara y yema de huevo?

Todos nos encogimos de hombros; obviamente, no era plan de contarle que ese mismo día coincidió con el cumpleaños de Villavieja, y claro, no pudimos resistirnos a darle un regalito.

2008-05-13 a las 00:07 | Jose Joaquin | 3 Comentarios | #

EL BÓXER

El mundo al revés, lo que yo les diga, el profesor de Educación Física parecía el Alfredo Landa de las españoladas, pero sin las extranjeras enseñando pezones, y el profe de Física era un gigantón, un King-Kong de casi dos metros de altura.

Además de estar al revés, el mundo era injusto. Del grande no nos reíamos, obviamente, y el bajito tenía una mala ostia que a la segunda pamplina que le decíamos nos ponía a correr el Test de Cooper, que consistía en correr 12 minutos seguidos sin echar el freno (nunca me quedó muy claro si Cooper quería testar nuestra resistencia o nuestra capacidad de sufrimiento. Vamos, que entre el uno que te podía pulverizar la cabeza con una sola mano, y el otro que se creía que éramos la alineación del Real Madrid a punto de empezar la liga, las asignaturas que incluían la palabra Física en su título se hacían de lo más silenciosas y tranquilas.

Y mira, lo de estar en silencio mientras haces deporte es interesante, pues a fin de cuentas te cansas menos y te entretienes marcando un gol, saltando a la pata coja o haciendo el pino. Por el contrario, pasarse cuatro horas a la semana apuntando fórmulas que no íbamos a usar en nuestra vida (lo siento mucho, Illyria).

No obstante, el profesor de Física, al que llamábamos Bóxer (tenía la nariz y una oreja rotas, y alguien dijo que había sido en una pelea de boxeo hace ya la mar de años, cuando en Cádiz el boxeo era un deporte que movía dinero y gentes, y no sólo un recuerdo en las memorias partidas de Torre y King Betún), no paraba de decirnos que algún día descubriríamos que todas las fórmulas que él escribía en la pizarra y que nunca veíamos sobre el terreno práctico lograrían, algún día remoto, hacernos las cosas más fáciles. Pero vamos, no me imaginaba yo calculando las velocidades de un autobús y la mía propia para ver si valía la pena meterme una carrera o esperar al próximo.

 

Un día, Bóxer se quejó de lo callado que estábamos en clase. Sí, algo de silencio y respeto se agradece, pero cóncholis, es que nadie tenía una duda, nadie ponía cara de interés, nadie estornudaba… ¡aquello no era una clase, era un velatorio!

Montse, que además de ser un poco repelente - por aquello de llorar cuando no sacaba dieces - era la que más confianza se traía con los profesores dijo: “Es que la clase se hace aburrida… bueno, a mí no, a mis compañeros.”

El resto de la clase asintió. Pues sí, la física era un coñazo. Bóxer se quedó pensativo un rato (sabías que realmente era un científico por su capacidad de quedarse dándole vueltas a una idea minutos y minutos, sin recordar que tenía a cuarenta adolescentes mirándolo expectante).

“Tengo una solución” nos dijo tras una larga cavilación. “Cada semana vamos a hacer unas prácticas, para que veáis los entresijos de la ciencia más de cerca.”

A todos nos pareció excepcional, estupendo, fantástico. No nos imaginábamos todavía la cantidad de burradas que íbamos a hacer a causa de aquellas prácticas científicas. Prácticas que, obviamente y a modo de buen folletín, les iré narrando esta semana.

2008-05-12 a las 11:50 | Jose Joaquin | 5 Comentarios | #

EL MUNDO EN TUS MANOS

Dentro de 10 ó 15 años, tal vez menos, nadie reparará en lo fácil y cómodo que es comprar por Internet. Sin embargo, hubo un tiempo en el que aquello era ciencia-ficción, igual que la televisión, las naves espaciales, los teléfonos móviles y el propio Internet.

Algunas veces me sorprendo maravillándome de lo increíblemente fácil que es conseguir casi cualquier producto legal (los AK-47 tendrán que esperar aún un poco). Si alguien me habla de un cómic estupendo, me lo puedo comprar con tan sólo hacer un clic. Si navegando una tarde aburrida descubro una novelista Californiana muy divertida, cuyo primer capítulo puedo leer gratuitamente, sólo tengo que esperar dos semanas, tres con mala suerte, para que el cartero me traiga el libro (y eso porque viene de EE.UU. y he pagado las tasas más baratas, pues de tener prisa me llegaría en menos de una semana).

Recuerdo aún cuando alguien hablaba de tebeos que nunca se publicarían aquí, de novelas inéditas en castellano que no podrían atravesar jamás el charco. Recuerdo, de hecho, cuando aprender otro idioma no tenía demasiada utilidad (a menos que fueses a estudiar filología o que te gustara viajar), porque casi todo lo que llegaba aquí estaba traducido. Hoy, me da auténtico coraje no ser capaz de leer más que en mi propia lengua y en inglés: ¡lo que daría por leer en original las novelas fantásticas alemanas, los álbumes franceses, escuchar las películas de Fellini en el idioma que fueron rodadas…!

Nunca creí que el mundo pudiese ser tan pequeño, nunca creí que con el dinero que malgano pudiese comprar directamente a EE.UU. (y encima que no me salga caro). Dentro de unos años lo daremos por hecho, será algo automático y ya no nos maravillaremos. Debió de ser algo parecido cuando las calles de las ciudades se iluminaron en la noche por primera vez, todas al mismo momento, o cuando las ciudades quedaron comunicadas por los primeros telégrafos.

2008-05-11 a las 00:47 | Jose Joaquin | 0 Comentarios | #

¿ME CONCEDE UNA ENTREVISTA?

Debo reconocer que no tengo muy buena impresión de los periodistas. No es que les tenga tirria, ni envidia, ni mucho menos odio patológico. Es simplemente que, tras mucho tratar con ellos a base de entrevistas, congresos y alguna que otra esporádica colaboración, uno acaba teniendo una muy mala impresión del Cuarto Poder.

Basta con leer las noticias de la prensa: titulares confusos, errores de ortografía, frases e incluso párrafos que no tienen sentido y que ni el propio periodista entendería si lo releyera. Sobra con ver las burradas y las interpretaciones que pueden llegar a hacer con tus declaraciones (aún recuerdo aquella vez que dije que la superstición llenaba las iglesias, y ellos publicaron que los poderes sobrenaturales que la ciencia no explica demostraban la existencia Dios).

Y sí, sé que no siempre es culpa de ellos. Que van a contra reloj, que les pagan una miseria, que tal y que cual. Pero seamos sinceros, hay periodistas que a pesar de los pesares hacen una labor buenísima (y ahí está mi amiga Alicia, que lo mismo está un día hablando de cultura que de cotilleos, y la pobre con una sonrisa en la cara y currándose las entrevistas, ya sean con Concha Velasco o con la última ex novia de los Cucas) y otros que no se lo curran lo más mínimo. Porque vamos, no digo yo que tengan que ser expertos en todo, porque eso es imposible… pero se nota cuando un periodista se ha metido en Internet, ha leído un par de artículos y más o menos sabe de qué va un tema, y cuando el tipo o la tipa no tiene ni la más remota idea.

 

Y todo esto viene al caso de que a mi amigo Alfonso, cantautor de vocación, le hicieron una entrevista hace algunos años. Él encantado, claro, porque era una forma de atraer oyentes a sus críticas letras, una forma de mostrar sus ideas a quienes no lo habían conocido en los escenarios. Pobre Alfonso, le tocó un periodista de esos que no tenía ni idea.

Las preguntas atacaban a la inteligencia humana, y uno se planteaba si salir de las cuevas tuvo alguna ventaja, visto lo que podía dar de sí una persona teóricamente versada en eso que se llaman ciencias de la información. Lo primero que este genio le preguntó a Alfonso fue si le gustaba Alejandro Saenz, por eso de que ambos eran… ¿cantautores? Ejem, obviamente a mi amigo no le volvía loco y le parecía que sus temas eran muy infantiles, llenos de amoríos y muy poco críticos hacia el mundo que vivíamos. Luego le preguntó si quería presentarse a Operación Triunfo, y Alfonso respondió que ni de coña, que él quería que la gente escuchara sus letras y comprendiera la realidad un poco más críticamente gracias a ellas, mientras que los chicos de OT lo que hacían era otra cosa, pachangueo comercial, y él nunca llegaría a hacer eso. Le preguntó un par de cosas más sin mucha importancia, y finalmente, viendo que Alfonso hablaba mucho de política, Tercer Mundo y cosas así, le preguntaron qué había que hacer para estar tan informado como él. Obviamente, leer todos los días. Había un millón de cosas esperando ser descubiertas allá afuera.

 

La cosa salió publicada así, aunque tiro de mi memoria, pues hace tiempo que perdí el recorte:

 

Entrevistador: ¿Te gusta Alejandro Sáenz?

Alfonso: No, me gustaba cuando era más niño y estaba enamorado.

E: ¿Y qué piensas de Operación Triunfo?

A: Nunca llegaré a su nivel.

E: Tú eres una persona muy culta, ¿qué tendría que hacer la gente para ser como tú?

A: Leerse un millón de libros.

 

Después de aquello, lo que a mí me sorprende es que aún vaya gente a los conciertos de Alfonso.

2008-05-10 a las 00:38 | Jose Joaquin | 1 Comentarios | #

IRREDEEMABLE ANT-MAN

¡Vaya genio es Stan Lee!, pensarán ustedes. El tipo inventó medio Universo Marvel como si tal cosa: Fantastic Four, Avengers, X-Men, Iron Man, Spider-Man, Ant-Man… ¿Ant-Man? Sí, Ant-Man.

Reconózcanlo, hay que ser un genio para crear un superhéroe cuyo único poder es convertirse en un tipo diminuto y hablar con las hormigas. Lo malo es que los genios no suelen ser reconocidos, así que Ant-Man tuvo mínima aceptación entre los lectores. Tal vez por eso, el pobre superhéroe tuvo más cambios en apenas tres años que otros en toda su vida: le salió una novia llamada la avispa, se convirtió en el Giant Man, luego en Goliat, luego en Yellow Jacket (que significa abeja, pero que algún lumbreras tradujo literalmente) e incluso tuvo un ayudante negro que tomó el relevo siendo Black Gloliath durante los años de la blaxplotation. Vamos, que el personaje era una birria.

Los intentos de dar una serie a Ant-Man (llamada The Irredeemable Ant-Man) siempre han acabado en fracaso de ventas. Es normal: ni sus poderes son sorprendentes, ni las tasas de criminalidad del mundo de los insectos son tan altas como para requerir de un superhéroe.

El último intento de darle serie ha sido, una vez más, un fracaso de ventas. No obstante, sorprendentemente, esta vez ha contado con unos guiones inteligentes, divertidos y totalmente originales.

 

Firmados por Robert Kirkman (guionista de la genial serie Invencible y de la inquietante The Walking Dead), los guiones de Ant-Man han sido un ejemplo de cómo contar una historia haciendo al lector pasar un buen rato, robando una sonrisa con cada aventura, sorprendiendo con ideas originales y a la vez siendo fiel a una tradición y a una continuidad.

La trama nos emplaza en SHIELD, ese grupo de superespías que ayudan a mantener el mundo a salvo. Allí, un patán mentiroso, cobarde e inepto con las mujeres llamado Eric O’Grady vive a la sombra de su mejor amigo, soñando con una vida de acción y aventuras que ni puede ni se atreve a tener. La casualidad le llevará a robar un traje de Ant-Man creado por Henry Pym, a ser perseguido por SHIELD al completo, y a buscar su lugar en un mundo poblado de superhéroes.

Sin embargo, O’Grady está muy lejos de ser un superhéroe: está salido, le gusta el dinero fácil, mentiría a su propia abuela y, encima, carece de toda moral. No es que sea un villano, simplemente es un tipo algo marrullero y tramposo. Nos encontramos, por lo tanto, con un héroe que no tiene nada de heroico y con unos villanos que dan más pena que otra cosa. Un tipo que de hecho, en algunas ocasiones, nos cae tremendamente mal, y en otras se nos antoja terriblemente parecido a nosotros. En otras palabras, es una persona más o menos normal intentando sobrevivir en un mundo de héroes que le viene grande.

 

A las divertidas situaciones que Kirkman nos presenta (carreras de hormigas, observar en forma diminuta a las chicas en la ducha, robar a los ladrones, hacerse amigo de supervillanos…) se suma un guión muy bien estructurado, donde la historia se presenta por medio de flashbacks, y cada capítulo nos lo presenta una hormiga que, con humor y un poco de mala leche, nos recuerda lo ocurrido hasta el momento.

Los personajes del Universo Marvel que aparecen no dejan de sorprendernos: Henry Pym, Dum Dum Dugan, Damage Control, Black Fox… tipos que han ido cayendo en un tenue olvido y, por ello, podrían parecernos aburrido o pasados de moda, pero que en las manos de Kirkman están totalmente revitalizados.

 

Pero si Ant-Man es tan divertido y está tan bien escrito (me he leído 7 números de un tirón, y me he quedado con ganas de más), ¿por qué se ha cancelado la colección tras 12 números?

Según Kirkman declaró a la web de cómics Newsarama, el problema de trabajar con el Universo Marvel es que, si tu serie no toca continuamente dicho universo, no participa en los crossovers, introduce giros que afectan a otras series, etc., no puedes contar con excesivos seguidores. Y aunque tuvo la posibilidad de meter personajes invitados, como Wolverine o Punisher, en palabras de Kirkman: “si la serie moría o vivía, debía hacerlo por sus propios méritos.”

 

Nuevamente, nos encontramos con un personaje divertido, diferente, que puede deleitar tanto al lector fiel de Marvel como a aquel que sólo busca una lectura amena y esporádica. Dicho  de otra manera: si podéis, no os perdáis esta serie, os lo pasaréis en grande.

2008-05-09 a las 13:05 | Jose Joaquin | 2 Comentarios | #

¡EXPULSADO!

Mi amigo Quintero, docente de Lengua y Literatura en un instituto de Tarifa, disfruta del dudoso honor de ser el profesor que más alumnos echa de sus clases. De 31 que tenía en 4ºC, una vez llegó a quedarse con 12.

Yo no tengo muy clara la utilidad de estas expulsiones. No suelo comentárselo porque cada clase es un mundo y cada instituto un universo, y lo mismo es que le tocan los alumnos más rebeldes e insoportables de la provincia. Pero aunque eso fuera cierto, que no lo tengo muy claro, no sé hasta qué punto es efectivo.

 

En estos casos, yo siempre me remito a lo que le sucedió a mi amigo Joaquín. Estábamos por aquel entonces en 2º BUP, y Garcilaso de la Vega nos parecía un peñazo cursi, con aquellos versos que tanto nos recordaban a las canciones ñoñas que escuchaban nuestros padres:

 

No me podrán quitar el dolorido

sentir, si ya primero

no me quitan el sentido.

 

Joaquín y yo solíamos pasarnos las horas destinadas a Garcilaso y a otros poetas que no nos gustaban charlando. Pero la Pitu, profesora bajita y con tendencia a estar ronca, pero con un oído que ya lo quisiera para sí Matt Murdock, siempre se daba cuenta de nuestra desidia y nuestra charla, así que nos separaba: a mí me dejaba en mi asiento, y a Joaquín lo destinaba a la otra punta de la clase. Pobre Joaquín, sólo en primera fila, aburrido…

Justo por aquel entonces, mi amigo había comenzado a leerse El Señor de los Anillos, y se ponía a leer incluso en los cambios de clase, tanto le había embrujado la fantasía del libro. Viendo que Garcilaso y sus amores frustrados no cesaban, hizo lo más lógico: a principio de cada clase se ponía a cantar y a tocar las palmas. Así, la Pitu le expulsaba de clase, y él se iba a la biblioteca encantado, dispuesto a leerse otro capítulo de su novela.

 

No obstante, dudo mucho que la veintena corta de alumnos expulsados por Quintero se pongan a leer en su tiempo de castigo.

2008-05-08 a las 10:42 | Jose Joaquin | 9 Comentarios | #

EL PLAGIO ESTÁ INFRAVALORADO

El plagio está infravalorado. Espero que mi editora no lea esto, pero es cierto, la originalidad se encuentra pocas veces en estado puro.

Cojamos por ejemplo el libro que tengo delante de mí (me lo han prestado y tengo que fingir que me lo he leído, así que luego leeré un resumen en la wikipedia). Es un bodrio llamado La maldición del mago, escrito por una tal Christina Woods, que es muy conocida en su casa a la hora de comer. Una novela de elfos, dragones, dioses y pajas tardoadolescentes varias, que tiene como escenario el mundo de Krynn.

La originalidad del libro es nula (al menos de las 15 primeras páginas, que es lo único que me he atrevido a ojear), y es un encargo (espero que bien pagado) que bebe del universo fantástico de la Dragonlance, creado por Margaret Weis y Tracy Hickman.

 

Pensarán ustedes que para leer algo original, por lo tanto, tendrán que retroceder a las novelas originarias de Weis y Hickman: Las Crónicas de la Dragonlance. En absoluto. Esta chica friki y este muchacho ultracristiano (no lo digo yo, lo dicen la actitud de sus personajes ante el sexo prematrimonial) bebieron de dos fuentes para narrar sus aventuras: El Señor de los Anillos y el juego de rol de Dungeons & Dragons, y puesto que esteego de rol bebe a su vez de la obra de Tolkien, ya se imaginan ustedes la originalidad que encontramos: Elfos, medianos (que aquí llaman kenders, supongo que por tener copyright la palabra hobbit),dragones, dioses oscuros… vamos, lo nunca visto.

 

Muy bien, entonces para leer algo original hay que retroceder a J.R.R. Tolkien, ¿no? Pues no, vamos, ni de broma. ¿Queréis elfos? Leed La hija del rey del país de los elfos de Lord Dunsany, dos décadas anterior a las aventuras de Frodo, aunque el término elf es mucho anterior a Lord Dunsany, claro. De hecho, no son pocos los autores que señalan que personajes como Aragorn (el hombre que llegará a ser rey, con su espada cargada de poderes y leyendas) se parecen mucho a Arturo Pendragón (que también llegaría a ser rey, y cuya espada no desmerece a la que portara Isildur). Y vamos, espero que nadie diga que Tolkien (profesor de literatura medieval) no conocía el ciclo artúrico.

 

Venga, vale, de acuerdo, retrotraigámonos al medievo. Nos plantamos en el siglo XV, con Sir Thomas Malory escribiendo La muerte de Arturo. Ea, ¿ya hemos tocado fondo? Pues no, porque nuestro amigo Malory no fue el creador del mito de Arturo. Ya había sido mencionado antes en un libro de historia (que ustedes no deben de leer so pena de aburrimiento crónico) llamado Historia de los reyes de Britania de Geoffrey de Monmouth y anteriormente en las novelas caballerescas como El caballero de la carreta del francés Chrétien de Troyes, ambos autores del siglo XII.

 

Vale, y se acabó, ¿no? Con De Troyes prácticamente nace la novela tal y como la conocemos, diantres, así que no puede haber nada más antes. Pues lo siento mucho, pero lo hoy, porque las aventuras del héroe nos hacen viajar hacia atrás nuevamente, al Eneas protagonista de La Eneida de Virgilio (siglo I a.C. y I d.C.), que no hace más que recuperar a un personaje de Ilíada de Homero (sighlo VIII a.C.), que no es ni mucho menos el primer relato de corte épico que vamos a encontrar, pues no podemos olvidar Gilgamés (que también era rey, como Arturo, como Aragorn) y cuya leyenda nos llega desde el tercer milenio a.C.

Aquí paramos, porque antes no hay relatos escritos, aunque sin duda otros héroes eran conocidos mediante la tradición oral, y sus características fueron trasplantadas a Gilgamés.

 

Es decir, que los escritores no viven en burbujas. Antes que escritores, todos los autores son lectores (es tan ridículo querer escribir sin hartarse de leer como querer ser actor porno y respetar el celibato). Las ideas que les gustan las cogen, las moldean, las reutilizan (algunas veces sin tan siquiera darse cuenta) y les añaden algunos detalles que, pasados los años, otras personas usarán como patrones.

Durante mucho tiempo, muchos siglos, milenios, el plagio fue la forma más sincera de homenaje. Te gustaban tanto las novelas de Chrétien de Troyes que decidías hacer una más, o te gustaba tanto Cervantes que hacías una obra apócrifa con su Quijote (Cervantes tuvo que ser el primer listo que se dio cuenta que con la imprenta inventada, el sincero homenaje se convertía en dinero ganado por otra gente). Ahora todos somos unos genios del copón, y aunque escribamos todos la misma horrible novela de detectives o el mismo tebeo rancio de superhéroes, somos la ostia de originales, porque nuestro detective resulta que es del barça o nuestro superhéroe lanza rayos por las orejas en lugar de por los ojos.

En conclusión, que no, que el plagio no es bueno ni malo. Lo que son buenas o malas son las historias que se cuentan. Tolkien me dio muchas horas de diversión, igual que Malory y Dunsany, mientras que Geoffrey de Monmouth era un peñazo insoportable, Weis y Hickman unos narradores mediocres y la pobre Christina Woods, para qué engañarnos, una plumilla mercenaria. No es lo que contamos, es cómo lo contamos.

2008-05-07 a las 10:15 | Jose Joaquin | 11 Comentarios | #

TABACO, INSOMNIO Y OTRAS GILIPOLLECES

La parejita de angangos va paseando de la mano. Él empieza a estar fondón, a caérsele el pelo de arriba y a engrisársele el de la perilla. Ella ya no parece la reina de la noche, tal vez por las ojeras que se le marcan a pesar del maquillaje, tal vez por la voz ronca, machacada a base de gritos, tabaco y whisky con hielo. Ambos caminan en chándal, enseñan sus oros y posiblemente tengan la vida resuelta, o al menos mucho más resuelta que yo.

 

  

 

Pasan por delante del estanco del barrio, un sitio algo rancio que necesita una remodelación o un derribo, y ella repentinamente parece recordar algo:

“Gordo, ¿tú sabías que el tabaco lleva cafeína?”

Él la mira con cara de comprensivo, y responde a la par que afirma con la cabeza:

“Claro, gorda, espabila un montón. Siempre que trabajamos hasta tarde, nos fumamos lo menos un paquete cada uno.”

Y ambos siguen caminando, felices, supongo que enamorados, habitantes de un mundo paralelo donde las leyes de la botánica son bastante distintas a las que tú y yo conocemos.

2008-05-06 a las 18:54 | Jose Joaquin | 0 Comentarios | #

AVENTURAS DE CARBONELL 10: LA FERIA

El guerrero también necesita descansar, tú di que sí Pablo, que todo el día metido en ese cuartelucho de montaña no puede ser bueno para la salud. ¿Y qué mejor manera de descansar que aprovechar que el Chou y el Calvo están de permiso que ir a pasar la noche a la Feria de Jerez?

 

Pero las cosas hay que hacerlas bien, claro que sí Pablo, así que primero hay que ir a tomarse unas tapitas con los colegas. Y quien dice unas tapitas, dice irse a una venta perdida de la mano de dios, de esas donde el vino lo hacen pisando la uva allí mismo, ponerse hasta arriba de comer, bajarlo todo a base de unos manguerazos de mal vino y tomarse un par de whiskies para espabilarse, que hay que coger el coche y ya es de noche.

 

Y al llegar a Jerez, nada de entrar en el recinto ferial, que eso es de panolis. Primero hay que buscar un huequito bueno desde donde se pueda seguir bebiendo, que con el miedo a que te coja la guardia civil se te bajan los cubatas, y además hay que ponerse bien colocados, así, muy bien, que se vean venir a las niñas, que estás guapísimas todas, la ostia, como que vienen a la feria y a la feria sólo se puede venir estando guapa.

“¡Mi las foshaba a toas toitas!” exclama el Chou, que traducido de la jerga militar significa: “No tendría problema alguno en establecer relaciones íntimas con cualquiera de estas buenas y lozanas muchachas.”

A lo cual, ni corto ni perezoso, el Calvo respondió: “Ej que los bujeros de acá están pa sembrá nabos de canto”, que como todos ustedes bien saben, significa: “Las muchachas jerezanas son de sobra conocidas por su belleza y su porte.”

 

Una vez acabado el botellón, estando el Chou muy muy perjudicado, sólo queda una cosa por hacer: quitárselo de en medio, antes de que empiece a asustar a las niñas e impide el ligoteo.

No se crean ustedes, fieles lectores, que quitarse de encima al Chou es fácil. Este, a poco que te descuidas, te siga a cualquier lado. Lamentablemente, eso hace que haya que tomar medidas extremas en ciertas ocasiones, que es justamente lo que el Calvo comienza a hacer cuando dice:

“Chou, tú eres una maricona de mierda, un cobardica, un cagao que huele desde lejos.”

Y el Chou, que además de más burro que un arado es la tela de sentimental, el pobre, suelta una lagrimita y se pone a protestar: “Joe, cabronez, ¿por qué la tomáiz conmigo?”

Y el Calvo, que no atiende a razón alguna, sigue en sus trece diciéndole que es un cobardica, un cagao. Y el Chou sigue protestando, diciendo que él no se raja ante nada, que es más valiente que el Cid Campero, o como ostias se llame el tío ese que mataba los moros de 5 en 5.

Ahí interviene Pablo, que conoce bien su papel: “Chou, yo te creo tío. Pero el Calvo es un cabrón, y no te va a dejar en paz si no le demuestras que tú eres capaz de todo.”

“Carbonell, lo que zea” dice el otro con lágrimas en los ojos, coño ya, que le han tocado la vena sensible, “yo hago lo que zea, ¿zi a mí me zobran algo zon cohonez!”

El Calvo se sonríe, ya casi lo han conseguido: “Entonces, demuestra quién eres y haz una entrada triunfal en la Feria.” El Chou se queda petrificado, no se atreve. Pero luego mira a sus amigos a la cara, y no está dispuesto a que se rían de él. Acepta el reto y avanza hacia la puerta.

 

No quiero ni imaginarme la cara de esos dos pobres municipales, hartos ya de quinceañeros borrachos y vómitos por todas partes, cuando se vieron a aparecer al Chou. Y es que una entrada triunfal significa, al menos para estos bestias, bajarse pantalones y calzoncillos, y avanzar pájaro y nalgas al aire, hacia el sitio donde se quiera entrar.

Rápidamente, los policías corren hacia el chaval y le preguntan qué le pasa. Él, ni corto ni perezoso, sabe que la verdad le avala, y responde: “Ez que zi no lo hago, miz amigoz ze ríen de mí.”

Mientras uno de los policías exclama: “¿Tú no eres ya muy mayorcito para hacer estas cosas?”, el otro busca con la mirada a los supuestos amigos del Chou, pero tanto el Calvo como Pablo se han quitado de en medio.

 

Una hora después, totalmente borrachos, Pablo empieza a sentir algo de pena por el Chou, que lo mismo está en la comisaría, o esperando junto al coche, o perdido en mitad de la Feria. Sin embargo, la chica con la que está ligando le susurra al oído algo sobre un piso allí al lado, y qué diantres, ¡el Chou ya es mayorcito!

2008-05-05 a las 12:01 | Jose Joaquin | 5 Comentarios | #

NOS HACEMOS VIEJOS

Ayer mismo me lo comentaba mi amigo Germán, bostezante y con ojitos de sueño: “Nos hacemos viejos, Jose.” Se quejaba el muchacho del poco aguante que tenía, la ostia, con lo que él había sido, que se pasaba la noche de marcha y le cogía el amanecer con ganas de tomarse la penúltima en lugar de los churros.

Mientras me lo decía, yo me reía de él. “Viejo estás tú, que yo ando hecho un chavalote.”

¿Y para qué dije nada? El dios del Antiguo Testamento, ese que se aburre y se dedica a hacerle putadas a la gente, se ha tomado a mal mi eterna juventud. Esta mañana mismo, cuando me agachaba para guardar unas camisetas en uno de los cajones de mi cuarto, la divinidad me ha mandado su castigo, y he sentido como un latigazo en la espalda, ¡ay que dolor! Y aquí ando, con ibuprofenos, bolsas de agua caliente en la espalda y un dolor de mil pares de narices cuando me incorporo.

Pues sí, Germán, pues sí, nos hacemos viejos.

2008-05-04 a las 18:41 | Jose Joaquin | 12 Comentarios | #

UN BOTELLÓN BARATITO

Richi se juntaba con una gente muy rara. Vale que eso de “raro” es muy relativo, que nosotros mismos no éramos un ejemplo de “normalidad”, pero creedme: algunos de los amigos y conocidos de Richi eran dignos de salir en Callejeros.

Con el que más se juntaba últimamente era con los hermanos Pizarro, un par de mellizos algo salidos de tono, de estética chunga-punk, que trapicheaban con chocolate del que se fuma a la salida del colegio.

Chema, el más bajito de los dos, era más o menos normal. Podías hablar con él, te gastaba bromas y se las dejaba gastar, te contaba algunas de sus bravuconadas sexuales (que por lo que supe después, parece que no eran tan fantásticas como yo pensaba…) y, al menos a mí, siempre me ofrecía tabaco (como no fumo y el lo sabía, puede ser que fuera puro gesto).

Seba, el más grandote, sí que era definitivamente un tipo raro. No sólo había llevado aquella estética cutre hasta límites insospechados (para la época y para el lugar donde vivíamos, que no olvidemos que Cádiz no dejaba de ser una pequeña ciudad al fin de Europa), hasta tal punto que llevaba como pendientes un imperdible en cada oreja, el pelo teñido de verde (o de rojo, o de azul, o de lo que tocara aquella semana… a veces de un color indistinguible y asqueroso, amalgama de muchos tintes) y camisetas blancas de mangas recortadas, que el propio Richi le pintaba con emblemas, eslóganes o caricaturas de los grupos de música que les gustaban.

 

Un fin de semana Chema y Seba decidieron venirse con nosotros a tomar algo. El problema es que no teníamos mucho dinero, por lo que no pudimos comprar más que un  litro de cerveza para seis o siete personas que éramos. Vamos, que aquello no nos iba a dar ni color en las mejillas.

Seba nos pidió que esperásemos unos minutos, y salió disparado hacia su casa. “Esto lo soluciono yo en un momento”, dijo con tono misterioso.

“Este se va a traer el whisky bueno de nuestro padre” suponía Chema, “o lo mismo coge dinero y nos llega para más cervezas.” Nosotros encantados, claro, a beber de gañote, y a lo mejor incluso whisky del bueno.

Pasados unos quince minutos, Seba reapareció, ocultando algo en los pliegos de la chaqueta. ¿Whisky? ¿Birra? No, un bote de alcohol de ese que tu abuela y la mía usaban para desinfectar las heridas y para teñirse los bigotes.

“Esto con birra está buenísimo” dijo mientras empezaba a echar un poco en la litrona que bebíamos. Y puede que estuviese buenísimo, la verdad, pero tenías que sacrificar las papilas gustativas, porque sólo el olor ya te hacía lagrimar.

Ni decir tiene que eso no lo bebía nadie, ni siquiera el hermano de Seba. Hasta que Richi agarró la botella y le dio un pedazo de trago. Luego Seba hizo lo propio. Chema, supongo que por compromiso familiar, dio también otro trago. Las malas caras que pusieron habrían dado para hacer un programa de humor en cualquier cadena televisiva. Pero ni por esas pararon, ni cortos ni perezosos, volvieron a saciar el gañate bebiendo aquella atrocidad.

Una vez acabada la botella, Richi comenzó a sentirse mal (algo bastante lógico, por otra parte), y antes de que pudiese ponerse en pie, ya estaba vomitando como un descosido. Sólo verlo, Chema echó también la pota. Kike, que siempre fue muy sensible para estas cosas, o tal vez muy solidario, también se puso a vomitar, aunque no había probado el nefasto cocktail.

 

Al día siguiente, todos bromeamos sobre lo ocurrido. Richi siempre quería hacerse el fuerte y el duro, y aunque generalmente le salía bien, aquella noche le había salido el tiro por la culata. No obstante, nuestro amigo no podía dejar que su honor quedase marchito, sí que ni corto ni perezoso afirmó que:

“A ver, no nos engañemos… ¡yo vomité porque la cena la había comido muy rápido y me sentó mal!”

Todos asentimos, por supuesto, tampoco era plan de herirle el ego.

2008-05-03 a las 00:26 | Jose Joaquin | 1 Comentarios | #

MARVEL COMICS HOY

En EE.UU. existen dos gigantes editoriales del cómic indiscutibles: Marvel y DC. Afortunadamente hay otras editoriales, “independientes” como las llaman algunos, aunque yo prefiero el término “alternativas”. Estas otras editoriales cogen una pequeña parte del mercado (las más grandes, Dark Horse e Image, apenas llegan al 15% del total de ventas), y ofrecen cómics que van más allá de los superhéroes (Dark Horse suele explotar franquicias como Alien, Terminator o Star Wars; por su parte, Image tiene cómics de zombies, policíacos, humorísticos, etc.).

 

 

A principios del nuevo siglo, no obstante, las dos grandes se dieron cuenta de que estaban produciendo “lo mismo de siempre” y que se les estaban adelantando las “alternativas”, si no en ventas (que eso suele depender más del dinero invertido en canales de distribución y publicidad), al menos sí en calidad.

Comenzaron entonces a reclutar a excelentes guionistas a los que dieron los principales personajes, y a los que contrataron en exclusividad, con la intención de crear unas bases sólidas para sus universos creativos. Más de lo mismo, efectivamente, pero bien contado y sin que el público se sintiera estafado.

Así, engrosaron la nómina de Marvel Brian Michael Bendis, que hasta entonces había trabajado para Image; Mark Millar, procedente del cómic inglés, y que ya había tocado diferentes personajes de Marvel y DC en series limitadas; J. Michael Straczynski, creador de la añorada Babylon 5, con tan sólo unos pocos trabajos sueltos para DC entre finales de los 80 y principios de los 90; y finalmente Ed Brubaker, maestro del género detectivesco, que hizo el mejor Batman de los últimos 20 años. Obviamente hay más artistas que han venido siendo reclutados, pero podríamos decir que estos son la piedra angular.

 

 

A falta de leerme el Spider-Man y el Supreme Powers de Straczynski, y que por las críticas que he oído no sé si me gustarán (aunque creo que sí lo hará su nueva serie, llamada The Twelve y basada en los personajes Marvel de principios de los 40 que quedaron en el olvido, y de los que me enamoré irremediablemente al descubrirlos mientras escribía mi tesina), los artistas que más me gustan son Brian M. Bendis, que creo que es un maestro del diálogo (aunque sólo sea porque puedes tirarte páginas enteras leyendo bocadillos que no dicen nada, pero definen perfectamente a los personajes) y cuyas tramas cada vez me gustan más, y Ed Brubaker, cuyos Uncanny X-Men han hecho que vuelvan a interesarme los mutantes, y cuyo Captain America ha superado todas las expectativas que tenía (al pobre cabeza alada no le tocaba un buen guión desde que Mark Gruenwald dejó la serie, salvando algunos de los primeros números de Mark Waid).

 

 

¿Cuál es el secreto para que no sólo yo, sino toda una legión de antiguos y nuevos fans se suban al carro de Marvel? ¿Cómo han conseguido que las ventas aumenten? Pues como diría mi amigo Richi: “Con paciencia y bien hecho”.

En primer lugar, han sabido contar historias interesantes, acompañados en la mayoría de las ocasiones por excelentes dibujantes que, nos podrán gustar más o menos, pero que saben narrar una historia en imágenes, eso es indudable. Historias en las que han sabido dar originales giros e inesperadas sorpresas.

Los guiones que han escrito han traído, además de buenas historias, estabilidad y coherencia. Los guionistas se quedan bastante tiempo en una misma colección, desarrollando así a personajes y situaciones, permitiendo una evolución que parece llevar a alguna parte. Obviamente, hablamos de cómics, por lo que llegados a cierto punto todo dará un giro inesperado y vuelta a comenzar (dicho de otra manera, que nadie se cree que en el mundo vayan a quedar apenas unas docenas de mutantes o que el Capi va a seguir muerto… pero como está tan bien contado, pues fingimos que volvemos a tener 12 años y nos seguimos sorprendiendo con estas cosas). En cuanto a la coherencia, los guiones han sabido sorprender sin destrozar la continuidad (o destrozándola de tal forma que todo parezca coherente) ni insultar la inteligencia del lector (cosa que a mediados de los 90 la mayoría de los cómics parecían pretender).

Finalmente, saben manejar una continuidad de la que no abusan, pero que no dudan en usar para construir sus historias. House of M tiene sus raíces en los Avengers West Coast de Byrne (años 90), World War Hulk no puede negar tampoco su deuda con la etapa de Byrne (80), los X-Men de Brubaker son un canto a los mutantes de Claremont (de los 80 sobre todo, pero también a situaciones y hechos posteriores), y Secret Invasion tiene mucha deuda con los Avengers de Roy Thomas. El lector que no conoce esas historias, disfruta de un universo que puede entender y que, además, hunde sus raíces en una historia llena de eventos épicos; el lector veterano se sonríe al ver que aquellas magníficas ideas son desarrolladas, y que los personajes y situaciones que recordaba con cariño vuelven al candelero.

 

 

Posiblemente no había otra forma de hacerlo. Las ventas habían caído en picado (aún son bajas, 100.000 ejemplares vendidos ya es todo un bestseller) y las nuevas generaciones preferían las emociones que daban otros medios de ocio más virtuales. Algún lumbreras con traje ejecutivo se dio cuenta de que, para vender tebeos, hacía falta hacer buenos tebeos. Esperemos que dure la racha.

2008-05-02 a las 00:26 | Jose Joaquin | 4 Comentarios | #

MI NUEVO EMPLEO

He decidido venderme a lo grande. Soy yo quien le hago un favor a la empresa, pues claro que sí: tres años de experiencia profesional en esto de las clases particulares, estudios (recién empezados, aunque eso no lo digo) de Educación Social, domino el inglés (bueno, soy capaz de leer tebeos y los guiris siempre me preguntan dónde está la cafetería de la facultad), la historia, el arte (si por arte entendemos cine y cómics), la geografía (si por geografía entendemos las calles de Cádiz), la lengua, la literatura y la filosofía. Oigan, que soy un regalito del cielo, que voy a trabajar con ustedes porque están empezando y me gusta apoyar a los pequeños. En definitiva, que o me vendo yo bien, o acabarán comprándome de saldo.

Justo cuando voy a abrir la boca y dejar a todo el mundo boquiabierto con mi poderío, mi ego y mis mentiras, mi amigo - el que me ha propuesto para el puesto de profesor - se percata de algo en mi CV.

“Jose, ¿qué es esto de que has estado en excavaciones arqueológicas?” me pregunta.

¿Qué le respondo?

La verdad es que a mí la arqueología me importa un pimiento, pero recién acabada la carrera no tenía dinero para irme a excavar, así que pedía trabajo en excavaciones arqueológicas en la otra punta de España (usualmente en la zona costera de Cataluña), y me pegaba unas semanitas en sitios turísticos punteros, sin enterarme de por qué estaba picando roca ni tener ni idea de qué diferenciaba la cultura material de los neandertales de la nuestra. Lo único que me interesaba era que me pagaban el viaje, la estancia, y encima conocías un montón de chicas.

La mentira es que a mí la arqueología me vuelve loco, y que me iba a Cataluña porque la cultura material de los neandertales es una cosa que me ha fascinado de siempre. Y encima, podía conocer otras lenguas y tantear el problema nacionalista por mí mismo.

Obviamente, en cuestión de microsegundos elegí la segunda respuesta.

“Anda, es que yo tengo un amigo que está buscando gente, paga más que la academia y te dan de alta en la seguridad social.”

Pues nada, acepté y si todo sale bien, empiezo la semana que viene. Curioso, nunca pensé que en un mismo día tendría que elegir entre un trabajo como profesor y otro como arqueólogo. Lo malo es que, eligiera lo que eligiera, ¡recáspitas!, al final uno no se libra de trabajar.

2008-05-01 a las 00:27 | Jose Joaquin | 12 Comentarios | #

ENTREVISTA DE TRABAJO

Un amigo me ha comentado que están montando una academia de esas que ofrecen clases particulares a todos los niveles, y que están muy interesados en contar con alguien como yo, o sea, un tío que lo mismo te de lengua y literatura que inglés, comentarios de Platón, Arte, Historia o Geografia.

Seria para verano, fecha en la que estoy muy libre, y además yo no soy muy exigente con mis condiciones laborales (si mi editora no me hubiese explicado mis derechos, yo ni los habría pedido, así de modosito soy a veces). Por eso, aunque yo no planeo volverme rico con esto, me temo que me van a pedir que cobre menos de lo que gano con un solo alumno por hora, no me van a querer dar de alta, me van a pedir que eche algunas horas extras a cuenta y encima me van a pedir que lo comprenda, que la cosa está muy mal.

Espero equivocarme, pero creo que mañana voy a tener una divertida anécdota que contarles.

2008-04-30 a las 08:25 | Jose Joaquin | 5 Comentarios | #

¡LOS HEAVIES SON MUY PELIGROSOS!

Los seres humanos, para poder procesar la gran cantidad de información a la que nos vemos sometidos diariamente, hemos acabado desarrollando un proceso de “creación de etiquetas”, que nos permite simplificar y generalizar, haciendo más fácil (y a veces peligroso) usar dicha información.

Las etiquetas se basan en la “diferencia”, muchas veces diferencias arbitrarias. Así, si yo digo “magrebí”, estoy diferenciando a la persona cuyo origen se encuentra del Magreb de aquellos que procedemos de otro sitio. Si digo “homosexual”, diferencio al que tiene unas pautas sexuales diferentes a las mías, etc.

Las etiquetas son cómodas en tanto que, ya les decía, nos permite tener ideas previas. Sin embargo, muchas de esas ideas previas son tremendamente erróneas, convirtiéndose en estereotipos generalizados. En España hemos sufrido miles de veces estereotipos raciales (gitano = ladrón), sexuales (homosexual = afeminado) y de género (mujer = ama de casa). Nosotros y ellos. Lo correcto y lo incorrecto.

Hay que tener, por lo tanto, mucho cuidado a la hora de aceptar las etiquetas y los estereotipos como verdades universales. Y para ponerles un ejemplo, les hablo de mi amigo el Sangre.


A principio de curso, con sus 15 años recién cumpliditos, el Sangre (al que nadie llamaba así) era indistinguible de la legión de estudiantes que formábamos el BUP. En verano usaba politos, náuticos y pantalones blancos de tela; en invierto, camisas gruesas, chaquetas de pana, pantalones vaqueros y zapatos de goma. Tenía la cara redonda, pecosa y muy sonrosada, razón por la cual algunos le llaman “El Fresón”. No se metía con nadie, y muchos se metían con él. A las bromas y burlas, reaccionaba pasivamente, razón por la cual todos los matones se cebaban en él.

Hacia mediados de curso, no obstante, se dejó crecer el pelo (tampoco se crean que mucho), se colocó una camiseta negra con un demonio en el centro, unos vaqueros negros algo rajados, la chupa de cuero, la muñequera de pinchos y unas botas negras militares (que luego sustituyó por otras más molonas de motero). Pero salvo por su estética, mi amigo no cambió en lo más mínimo: seguía siendo un tipo tranquilo, aficionado a las novelas de fantasía, friki de los ordenadores y, sobre todo, de los videojuegos.

Un día, un tonto le llamó Fresón en plena cara. Mi amigo, empanado como siempre, no se enteró de lo que le decía, e inocentemente preguntó: “¿Cómo dices?”. El tipo se acojonó, le pidió perdón, y luego fue contando por ahí que se había librado por los pelos de una pelea al final de clase. Y menos mal que se había librado, no veas, menudo tiene que ser el tío, te pega con esas botas o con la muñequera de pinchos y te deja hecho un cristo.

Al tiempo, alguien le hice una broma de mal gusto sobre su sexualidad (porque claro, si lleva pelo largo, es que quiere ser una chica, no queda más remedio). Como siempre, el Sangre se quedó cayado, mirando fíjamente a la bromista en cuestión. Luego siguió con sus cosas, sin prestar más atención. ¡Menudo miedo le entró a la chica! El novio vino a recogerla en moto durante una semana. Porque con esas pintas, si te mira y no te dice nada, es que te la está guardando.

Al cabo de un mes, nuestro compañero había pasado a ser intocable. De ser un fresón sonrosado y pecoso, pasó a ser un tipo de sangre fría, “El Sangre”.

El cambio no ocurrió sólo en el colegio, sino también fuera de él. Los yonkis que se nos acercaban, de la noche a la mañana, nos rehuían si veían cerca a nuestro heavy. Los profesores ya no hacían comentarios jocosos si le veían dormido en clase, o si metía la pata en un examen (salvo Rafa Marín, claro, que sabía que el Sangre era una persona normal y corriente, independientemente de los demonios que luciera en su camiseta).

Incluso llegó un momento en el que la gente dejó de acordarse de que el Sangre no siempre había sido así, y aún hoy nos preguntan algunos antiguos compañeros, cuando te los encuentras en vacaciones, cómo era posible que unos tipos como nosotros (no sé si quieren decir modositos, frikis o normales) parábamos con un delincuente. Porque claro, con esas pintas, tenía que ser delincuente.


Es curioso, por lo tanto, cómo funcionan las etiquetas. Para nosotros, el Sangre era un tipo normal y corriente con ropa rara. Para ellos, un tipo peligroso y bronquista que podía reventarte a ostias a la primera de cambio.

2008-04-29 a las 00:55 | Jose Joaquin | 5 Comentarios | #

WONDER MAN

De un tiempo para acá, las editoriales de cómics estadounidenses parecen haber comenzado a tomarse en serio a sus lectores o, al menos, a tratarlos con más respeto de lo que era habitual.

Siempre acompañados con la sana intención de vender, pero esta vez apoyados en guionistas sólidos, los cómics de los últimos años están resultando de lo más interesante. Tal vez no sean los más originales que hayamos disfrutado, pero sí están muy bien contados y desde luego de lo más divertido.

Incluso las historias de relleno, esas que salen al mercado porque hay que ocupar la estantería antes de que lo haga tu rival, resultan interesantes y divertidas, sobre todo a aquellos lectores que están algo desconectados de la continuidad (ese invento de las editoriales que te obliga a seguir varias series a la vez para enterarte a medias de algo que, unos meses después, la Wikipedia explicaré mejor y más rápido).

 

Hay que reconocer que Wonder Man: My Fair Superhero es uno de esos productos de relleno que el fan puede saltarse perfectamente, sin por ello perderse nada. Sin embargo, los guiones de Peter David hacen que sea un placer leer esta serie limitada de cinco números.

 

Cada cómic comienza con Simon Williams, el superhéroe inmortal y actor conocido como Wonder Man, recorriendo un desolado planeta Tierra futuro. En su soledad, el héroe recuerda su pasado de aventuras y, en particular, a una villana llamada Lady Killer. Dicho recuerdo hará que veamos, a modo de flashback, la aventura.

Wonder Man comenzó su carrera como supervillano, aunque no tardó en redimirse y encontrar un lugar entre los Vengadores, los héroes más poderosos de la Tierra. Por tal razón, está convencido de que todo el mundo es bueno por naturaleza, y cualquier villano puede, con comprensión y ayuda, acabar siendo un miembro productivo de la sociedad. Un productor de documentales le tienta para que se haga cargo de una supervillana, Ladykiller, y trate de hacerla pasar al lado de los buenos.

Ayudado por su amigo de los X-Men, La Bestia, y por la heroína Miss Marvel, veremos cómo nuestro héroe las pasas canutas intentando sacar del “lado oscuro” a la salvaje Lady Killer. Poco a poco descubriremos el pasado de Ladykiller, dramático y terriblemente creíble, pero también descubriremos las dudas de Wonder Man, que se pregunta hasta qué punto la está ayudando desinteresadamente, y hasta que punto no lo hace por puro ego.

Pero no todo es tan simple como parece, un grupo de villanos está manipulando a Ladykiller y a Wonder Man para conseguir su misterioso objetivo. ¿Lo conseguirán? Obviamente no, pero eso ya lo sabemos desde el principio: ¡los héroes nunca pierden!

 

Con unos diálogos ingeniosos, una profundidad que sorprende y unos personajes entrañables, Wonder Man: My Fair Superhero se convierte en una de esas historias que uno puede leer varias veces, disfrutándola una y otra vez, encontrando siempre una historia fresca y divertida.

2008-04-28 a las 00:04 | Jose Joaquin | 0 Comentarios | #

LAS MURALLAS DE SAN CARLOS

Ocurrió tal como te lo cuento. Estábamos de botellón en las murallitas de San Carlos, con más frío que un mono en un iglú, toda la humedad del mundo cayendo sobre nosotros y el maldito viento azotando por todos lados. Para calentarnos por dentro, menos mal, teníamos nuestro tintito y nuestra birra, y quien fumara siempre podía contar con Richi y el paquete de Ducados que aquella misma tarde había sableado a su abuelo.

Estábamos todos sentados, al resguardo de las gruesas murallas, poco habladores por culpa del frío. A cuatro o cinco metros de nosotros, un grupo de chavales de nuestra edad, a lo sumo un año mayores, bebían whisky con hielo. El tajazo que llevaban, ya te puedes imaginar, era del quince. Sin embargo, uno de ellos estaba más patoso de lo normal, y no paraba de hacer el tonto y hacer bromas sin gracia a la gente que pasaba. Una chica, imagina que la novia, aunque lo mismo era una amiga o una hermana, no paraba de decirle que dejara de beber. Tú ya entiendes que eso era imposible para un chaval de 15 años: había gastado la mitad de su paga en aquel bebercio con hielo, y dejar un solo culito sería tirar el dinero invertido.

 

Avanzada la noche, acabado nuestro tinto y su whisky, el patoso se subió, ¡imagínate!, a lo alto de la muralla. Bien sabes que al otro lado de la muralla, a unos diez o quince metros de caída libre, están las rocas en las que rompen las olas de la bahía. Todos nos quedamos congelados viendo como, entre risas y gritos ininteligibles, imitaba torpemente los gestos de un equilibrista. Los amigos le miraban igual que nosotros, atónitos, demasiado bebidos para asustarse. La novia o la hermana, lo que fuese, no paraba de gritarle que se bajara.

Ya imaginas que, en condiciones normales, jugar a la cuerda floja en una muralla es cosa arriesgada. De noche, con un tajazo de campeonato y soplando un viento de morirse, aquello era menos que suicidarse. No sé si el chaval lo comprendió, o si se asustó al ver el pánico en los ojos de la chica, o si simplemente le dio un bajón, pero súbitamente hizo el ademán de bajar, sólo que con tan mala suerte que perdió el equilibrio, fruto de una racha de viento, y empezó a caer hacia atrás, hacia el vacío, hacia las olas que se lo tragarían.

Todos nos quedamos aterrados, congelados… no era para menos. La chica intentó avanzar, Richi también, y creo que un par de amigos del muchacho hicieron lo propio; sin embargo, todo parecía ocurrir a cámara lenta, te lo juro, como si estuviese escrito que el chico tenía que morir y nadie pudiera evitarlo. Sólo en el último segundo, cuando sabíamos que no tenía salvación, logró echar todo su peso hacia delante y caer a nuestro lado, en suelo firme.

No creas que fue cosa agradable, calló de boca, pegándose un trastazo contra aquel duro suelo de losa que, por un momento, pensamos que se había matado igualmente. No le había dado tiempo a poner las manos para protegerse la cara, y un gemido lastimero, acompañado de un manchurrote de sangre, nos indicó que el pobre muchacho se había tenido que dejar media boca en el suelo. Al menos, quien no se consuela es porque no quiere, estaba vivo.

Los amigos se acercaron a agarrarlo, nosotros simplemente queríamos ver si sangraba mucho, la muchachita se abalanzó sobre él. Pero, en lugar de agarrarle y auparle, para nuestra sorpresa, la chica se puso a darle patadas allí mismo en el suelo, mientras no dejaba de repetirle una y otra vez que era un gilipollas. Los amigos debían pensar algo parecido, porque no la pararon hasta bien pasado un rato. Luego le levantaron y se lo llevaron, no sé si a su casa o al hospital. Desde luego, necesitaba un dentista urgentemente. Posiblemente también una novia o una hermana nuevas.

2008-04-26 a las 18:25 | Jose Joaquin | 1 Comentarios | #

TANATORIO

Vengo del tanatorio, de dar mis condolencias a Alfonso, ayer profesor mío y hoy simplemente buen amigo. Estaba destrozado, y no era para menos, pues la difunta era su madre (una entrañable ancianita que parecía sacada de un cuento de hadas).

Me planteo, después de haber visto a la difunta maquillada, vestida poco menos que de gala, expuesta como si de un trofeo o un maniquí se tratara… ¿realmente este ritual de la muerte es necesario?

Las funerarias, los tanatorios, el transporte, las flores… en general, la muerte es un gran negocio (cerca de un millón de pesetas cuesta morirse, vamos, que el día menos pensado nos tendremos que hacer inmortales). Me pregunto, no obstante, hasta qué punto no es un negocio vil, innecesario. Hasta qué punto tanto adorno, tanto velatorio, tanta flor no es más que un invento para alargar el sufrimiento, darle pompa al asunto, y sacar unos cuartos más.

Desde luego, así las cosas, yo quiero hacer como Pepito Fiestas y pedir que me entierren disfrazado de Micky Mouse, o a unas malas de Capitán América, con un gran escudo de caramelo. Y es que manda cojones, pagar tanto dinero, y ni siquiera poder echarte una carcajada.

2008-04-25 a las 18:37 | Jose Joaquin | 2 Comentarios | #

NOVIA, PURO Y AMISTAD

Cada mañana comenzaba con un susto, una maratón y desespero.

Susto el que me daba el despertador, con su horrible pitido, el único que conseguía evitar que cayese nuevamente dormido. Maratón la que me pegaba para desayunar mi colacao con tostada, lavarme la cara, ponerme ropa que no disgustase a mi madre y, a la vez, no provocara el cachondeo de mis compañeros (¡un mes me estuvieron llamando butanero por llevar aquel polo naranja!), hacer la mochila y salir rumbo al autobús. Desespero el del autobús, claro, que siempre tardaba en llegar, y alguna que otra vez me hacía llegar demasiado tarde.

 

Sin embargo, aquella mañana sonó el telefonillo justo cuando me iba para abajo. Imaginé que sería Pili, mi vecina, compañera de curso, que querría preguntarme alguna cosa. Pero no, al coger el auricular escuché la voz de Richi, que me pedía que bajase para hablar de algo importante.

Debo confesar que alguien me diga que quiere hablar de algo importante. Me da la sensación de que me quiere dar malas noticias, y no se atreve a hacerlo en persona, o peor aún, que quiere partirme la cara, y para ello necesita tenerme de cuerpo presente.

Por suerte, Richi no tenía ningún interés en darme malas noticias, mucho menos en reconfigurar mi cara a golpe de nudillo. Muy por el contrario, quería comentarme una intimidad que, insistía, yo debía conocer.

“Jose, he estado pensando…” e hizo una de sus típicas pausas, teatrales y esperables, que tanto gustaba a los profesores cuando le tocaba hacer un examen oral. “He estado pensando todos estos días, y creo que me he portado mal contigo.”

“¿Por qué?”, pregunté. Quería contestarle que porque era un cabronazo y estaba saliendo con la tía que me gusta, pero la prudencia me pudo.

“Porque soy un cabronazo y estoy saliendo con la chica que te gusta. Bueno, estaba, porque lo he dejado.”

Parecía afectado, y sólo entonces comprendí que a él le gustaba Rosa, mi Rosa, nuestra Rosa, tanto como a mí. Richi simplemente se había enamorado un poco más tarde que yo.

“¿Por qué?” dije, demostrando una vez más que no sirve para hacer preguntas inteligentes, o al menos originales.

“Pues no me parecía justo. Te ibas a quedar solo en la pandilla, te gustaba a ti antes que a mí, hablábamos mucho menos… y pensé que por una tía no vale la pena pelearse.”

“Hombre… no sé… si yo entendía que estuvieras con ella…”

“No, coño, me he portado mal. Y por un amigo lo que sea. Tú habrías hecho lo mismo.” ¿Yo habría hecho lo mismo?

 

Aquel día me pasé toda la mañana sonriente. Mi mejor amigo había dejado a su novia para no estar mal conmigo. La amistad triunfaba. El amor sólo será amor cuando los amigos no estén de por medio. Chicas hay miles, amigos sólo unos pocos…

Vamos, que menuda sonrisa de gilipollas que debí de lucir todo el día. Y además para nada, porque meses después me enteré de que había sido Rosa, mi Rosa, nuestra Rosa, la que había dejado a Richi, y no al revés.

Le había dejado porque los padres de la chica le vieron fumando un día, a la salida del colegio, un puro. Aterrados ante la idea de que un puroadicto de 15 años pusiese sus zarpas sobre su dulce princesa, obligaron a Rosa a cortar la relación. Hasta donde sé, tampoco ella opuso especial resistencia.

 

Supongo que en otras condiciones me habría enfadado con Richi. Pero como aquel puro que se fumaba se lo había regalado yo por su cumpleaños, me hizo ilusión pensar que, de alguna forma rocambolesca, sí que lo habían dejado por causa mía.

Y no volví a decir a nadie quién me gustaba. Bueno, salvo a Pablo Carbonell dos años después, y menudo lío que se formó… pero eso ya lo contaré cuando llegue su momento.

2008-04-24 a las 00:44 | Jose Joaquin | 1 Comentarios | #

ESTO SE ACABA...

Recapitulemos: Richi le había pedido salir a la chica que a mí me gustaba, y ahora eran novios. Kike había comenzado a salir con la Topo, una chica algo cegata que salía con nosotros y el Cubano estaba bastante tocado por la marcha de su padre. Alvarito se había puesto a estudiar en serio, para no acabar en un internado todo el verano. Total, que entre los que sólo tenían tiempo para la novia, los que estaban desganados y los que tenían que estudiar (y lo hacían), la pandilla se había reducido a mínimos.

 

Ya había oído que aquello (la desintegración) le ocurría a todos los grupos, pero me costaba creer que nos pudiese ocurrir a nosotros. Éramos casi una familia, ¡habíamos pasado tanto juntos!

¡Qué digo! Éramos aún mejores que una familia. Por ejemplo, ya ni siquiera me importaba que Richi estuviera con la chica que me gustaba, total, si nunca me había hecho ilusiones respecto a ella. De igual manera, Kike nos sabía perdonas las continuas bromas que le gastábamos, y Alvarito disculpa nuestra falta de fe futbolística.

Era realmente triste pensar que, así sin más, íbamos a dejar de vernos. Bueno, no de vernos, porque en el colegio seguíamos coincidiendo en algunas clases y en los recreos, pero no era lo mismo. Lo divertido era llamarnos los fines de semana para ver que hacíamos, planear campings y escapadas que luego nunca hacíamos, jugar partidas de rol interminables o ir en manada al cine.

 

Mi miedo no era quedarme solo. Algunas veces salía con Joaquín, con Weber, con Luke… o quedaba con Pablo Carbonell o el Sangre para escuchar música y charlar sobre cómics y novelas… incluso no me importaba quedarme algún que otro fin de semana solo en casa, jugando a la Super Nintendo. Mi miedo era perder la confianza que había adquirido a lo largo de un año y medio con aquellos compañeros de fatiga.

Qué rara es la adolescencia, luego he ido perdiendo el contacto con la mayoría de ellos, unas veces de forma brusca, otras sin percibirlo, y al final no fue ni un trauma ni una desgracia, no fue el fin de nada. En ocasiones ni siquiera me di cuenta hasta pasado un tiempo que tal o cual amigo ya no tenía nada en común conmigo. Sin embargo, a los 15 años creía que el mundo se vendría abajo si nos separábamos.

También es raro cómo se perciben las cosas a cierta edad. No pudieron pasar más de dos semanas entre que Richi comenzó a salir con Rosa y el momento en que lo dejaron. Sin embargo, aquel medio mes lo recuerdo como si hubiese durado media vida.

 

¡Ah, claro! Ustedes quieren saber cómo es eso de la ruptura de Rosa y mi amigo Richi. Bueno, pues eso se lo cuento mañana.

2008-04-23 a las 08:05 | Jose Joaquin | 5 Comentarios | #


  

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